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Agujero en la pared

Sugata Mitra es un singular profesor de la India; pregona una visión alternativa de la educación básica, especialmente en zonas marginales y carentes de recursos. En su lógica el modelo educativo actual está inspirado en necesidades del pasado, de ahí las consignas fundamentales de los primeros años escolares: tener buena letra (la información era manuscrita y debía ser legible) y hacer mentalmente las operaciones aritméticas básicas (antes no había calculadoras ni hojas de cálculo). Evoqué mi infancia, aquel día en que nos evaluarían la letra manuscrita para ver si nuestra caligrafía (había cuadernos especiales para este propósito) nos hacía dignos de cambiar el efímero trazo del lápiz por la indeleble tinta del bolígrafo. Estaba yo en tercero de primaria y la maestra se llamaba Alicia Leglisse (la emoción es el pegamento de la memoria).

Mitra pregona que el sistema educativo actual es obsoleto, que ya no es fundamental tener buena letra, dado que ahora escribimos en teclados. Y para tal efecto, tampoco dominar las tablas de multiplicar. Dice que la educación sigue homologando a los estudiantes y produce personas con idénticas capacidades. Mitra enseñaba programación en Nueva Deli. Recuerda que muchos padres de familias acaudaladas, cuyos hijos tenían acceso a computadoras, decían: “Creo que mi hijo es un genio”. Se preguntó: “¿Cómo es que toda esta gente rica tiene hijos talentosos?, ¿qué es lo que la gente pobre hizo mal?”. Mitra hizo un agujero en la pared y empotró una computadora en el muro colindante de su oficina con un barrio pobre. Una población sin acceso a la tecnología, ignorante del inglés y del internet.

A las pocas horas de haber instalado ese equipo, Mitra vio algo increíble. Algunos niños habían aprendido a navegar y enseñaban a otros cómo hacerlo. El experimento fue repetido en zonas rurales, con resultados igualmente sorprendentes. Hubo niños que aprendieron de biología molecular sin saber del idioma y del uso de la tecnología.

La película Radical está inspirada en un profesor mexicano que decidió poner en práctica los principios de Sugata Mitra. Basada en hechos reales, cuenta el paso del profesor Sergio Iván Juárez Correa por la escuela pública José Urbina López, enclavada en un barrio marginal de Matamoros. A contracorriente de la tradición y las directrices educativas de las autoridades, el profesor Sergio enfrenta la frustración de un sistema que considera inútil aplicando los principios de Sugata Mitra. Alienta en los alumnos el aprendizaje autodirigido, la curiosidad y la exploración por encontrar respuestas a cuestiones que los propios educandos proponen, bajo un contexto de autoorganización que fomenta la colaboración y el aprendizaje entre pares, donde la estimulación y el impulso del docente juegan un papel fundamental. También se narra la historia de la destacada alumna Paloma Noyola, de sus sueños que apuntan al espacio y cuyo desenlace me reservo.

Debemos darle mucha atención a las propuestas educativas de quienes aspiran a gobernar México. ¿Quién tiene el mejor plan? ¿Cómo piensan trabajar con el sindicato de maestros? Aunque se critica que algunos políticos hayan propuesto en el pasado repartir computadoras en zonas marginales (antes de cubrir otras necesidades), la experiencia de Mitra nos dice que no es descabellado, que es esencial.

Necesitamos retar la educación convencional que alienta pasar exámenes sin generar aprendizaje. Retar a universidades que parecen tener como fin producir graduados con maestría (aun cuando los alumnos no tengan experiencia profesional). Necesitamos rescatar el civismo para forjar mejores ciudadanos y, como cita Nuccio Ordine en su provocador ensayo “La utilidad de lo inútil”, rescatar “las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana”.

El testimonio de Mitra demuestra que los niños aprenden cuando tienen acceso al internet, a los recursos adecuados y a un maestro que los sabe dirigir y alentar, y que se puede pasar de un sistema que tiene como motivación la amenaza, a uno donde aprender es emocionante y placentero.

Nunca un agujero en la pared inspiró tanto. Necesitamos un cambio, un cambio radical.