Quienes me conocen saben que suelo hacer arqueología emocional en las calles que marcaron mi infancia: las colonias Roma y Condesa. Mi abuelo jugaba ajedrez con el dueño de una sedería que ya no existe. Ahí, sobre el mostrador, no era cliente, era compañero de tardes largas y silencios sabios. Al caminar por esos espacios […]