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Corrupción, ¿qué hacer?

El relevo de un año siempre es motivo de buenos deseos y transformaciones. ¿Si pudieras, como por arte de magia, erradicar un rasgo negativo de los mexicanos, cuál sería? Yo, sin duda, me iría en contra de la mancuerna impunidad-corrupción, por los efectos tan nocivos que tiene como desencadenador de muchos otros males nacionales. Pero como la magia no funciona en estos casos, es necesario comprender la naturaleza de un problema para poder plantear alternativas de solución.

Es cierto que estamos llenos de diagnósticos sobre el tema, la pregunta es ¿qué hacer? Como en las enfermedades complejas, no hay una cura fácil y se requiere que el paciente quiera curarse. Es muy usual que un enfermo se convierta en buen conocedor de su enfermedad, conocerla es una forma de combatirla. Sobre corrupción hay que difundir sus causas, manifestaciones y efectos, de manera que paulatinamente se geste un cambio de conciencia colectiva y un cambio de actitud. Algo similar con lo que ha sucedido con lo ecológico y de responsabilidad social. Es indudable que las actuales generaciones “ya vienen con un nuevo chip”, esto es, arrastran cambios de conducta generacional que fueron sembrados antes.

Muchos se ofenden cuando escuchan que la corrupción es cultural. Los entiendo. Asocian la definición de cultura (concepto no fácil de definir) con los rasgos étnicos o con nuestro patrimonio histórico, con el ser mexicano. La prueba de que la corrupción no es cultural, dicen, es que un mexicano que cruza la frontera, se comporta correctamente. Bueno, pues con este mismo ejemplo yo argumento que la corrupción sí es cultural, es parte de un sistema, de una forma de ser y de operar y resolver la cotidianidad. La corrupción es sistémica, es parte de un entramado de acuerdos que conocen los locales. En esos acuerdos existe un conocimiento compartido sobre las consecuencias que hay, o que no hay, por hacer determinada acción. Dentro del sistema cultural gringo se sabe (y se difunde) que el que la hace, la paga, que la ley no es negociable. Esta norma cultural se transmite a quienes se integran a esa sociedad. No es de asombrar el mexicano que al cruzar la frontera se comporte de otra forma, sabe que ha cambiado de sistema cultural. Lo he dicho antes, los sistemas cambian las conductas.

Crear conciencia sobre el daño que implica la corrupción es similar a lo que se ha hecho para sensibilizar y cambiar de conducta ante la contaminación y el cuidado del planeta. Recomiendo leer el dossier sobre corrupción en el reciente número de la revista Nexos. Los mexicanos deberíamos saber ad nauseam que la corrupción es un disparo en el pie, que nos cuesta, como cita María Amparo Casar en diferentes fuentes, como un 10% del PIB, que limita la inversión productiva y las oportunidades de desarrollo de las nuevas generaciones. Desde la primaria debería educarse una nueva generación de mexicanos con un “ADN anticorrupción”.

La tesis de Mark L. Wolf de que México debería pertenecer a una Corte Internacional Anticorrupción me parece magnífica. Los mexicanos (por razones culturales) asociamos lo extranjero con autoridad, es la cuña que necesitamos para apalancar nuestro movimiento anticorrupción. Como cita el autor: “Si México se sumara al establecimiento de una Corte Internacional Anticorrupción y delegara a ella la autoridad para hacer cumplir las leyes mexicanas en caso necesario, la persecución de sus políticos en dicha Corte no sería una invasión a la soberanía nacional mexicana, sino una reivindicación de la voluntad de su pueblo”. ¿No es esto lo que quiere una sociedad harta?

Y finalmente, parte de la educación social, a todos los niveles, debería ser la difusión de la obra del doctor Guillermo Zúñiga, Las Hazañas Bribonas, que es el tratado más completo y sencillo que he leído sobre la corrupción cultural mexicana. El “bribón” es el transgresor, potencial corruptor. El doctor Zúñiga identifica 4 componentes de la formación (cultural) bribona: la oportunidad, el sigilo, la oposición y la emoción. Una renovación moral de la sociedad requiere el contagio de actitudes positivas, esto es posible si empezamos a detonar cambios en cadena dentro de nuestro sistema.

La corrupción es cultural y es muy combatible. ¿Hay voluntad?