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Retos de un primate alfa

¿Qué debería hacer el primate presidencial en esta manada mexicana?, inquirí. La pregunta (genuinamente descabellada, luego prometedora) surgió mientras escuchaba a un experto hablar del sentido de convivencia entre los individuos, de los equilibrios de poder, de las argucias y manipulaciones, del comportamiento egoísta, de las maniobras políticas para obtener el poder, de las formas para ejercerlo, de la violencia, del engaño y la mentira, del altruismo y la cooperación, en fin, de todo aquello que somos como sociedad. Tenía ante mí un gran espejo donde se reflejaba la condición humana, lo extraordinario es que estaba escuchando a un experto en primates.

Pablo Herreros, primatólogo, habla con la autoridad de un homínido que ha recorrido la selva por nosotros. Regresa a la civilización para comprender más a los hombres y querer más a los chimpancés. Su mundo es de cuevas en Cantabria o hábitats de primates en cualquier parte del mundo, ahí donde haya rastros de los seres que fuimos. Nuestra identificación fue total, nos unen las grutas remotas y la firme creencia que no hay nada más actual que entender al hombre cavernario. Este científico de Santander me dedicó su libro Yo, mono con el mejor de los elogios: “Para mi ya amigo primate Eduardo”.

Los experimentos científicos han demostrado un enorme paralelismo entre el comportamiento individual y social de los primates con el de los humanos. Nuestra psicología ha evolucionado tan poco que las respuestas a dilemas de la manada encierran aprendizajes para la tribu, nuestra tribu.

Un primate alfa entra en problemas cuando genera más conflictos de los que soluciona. El grupo se alía para expulsarlo. De igual forma, la manada se cansa de un líder violento o que es incapaz de frenar la violencia. La manifestación social del pasado 20 de noviembre no es mera coincidencia. Inclusive, ciertas manifestaciones tribales, como quemar efigies antropomórficas, responden a comportamientos encerrados en nuestro inconsciente colectivo (la quema de los Judas en México, la fiesta de Las Fallas en Valencia, son apenas algunos ejemplos donde la comunidad pretende hacer una limpia, expulsar aquello que considera dañino para el grupo).

Una sociedad de antropoides requiere un liderazgo fuerte y efectivo. Si el primate alfa es incapaz de proteger al grupo, atenta contra el instinto básico de sobrevivencia. Los primates luchan por el poder con diversas estrategias, particularmente el establecimiento de alianzas para equilibrar o desbalancear con grupos antagónicos.

El primate alfa está en problemas cuando además de generar conflictos es agresivo o permite la agresión y pone en riesgo el equilibrio de vivir en grupo, y (esto es particularmente importante en el caso mexicano) pierde las alianzas o se alía con los equivocados. En estas páginas se ha dado cuenta de aquello que es verdaderamente desestabilizador: las alianzas equivocadas, aquellas que vulneran a la sociedad por perseguir fines ajenos a ésta y beneficiar a camarillas. Se hartan los primates y nos hartamos nosotros.

El presidente Peña bien podría tomar algunas recomendaciones para primates. Cuando la tolerancia del grupo se agota, el primate alfa debe trabajar en restaurar la confianza, hacer las alianzas correctas y establecer un ánimo de cooperación. Pero no podrá hacerlo sin dos cosas fundamentales: predicar con el ejemplo y entender las emociones colectivas. Nada influye tanto en los primates como el ejemplo del líder. Sin romper sus alianzas envenenadas, como la de Montiel, y sin aceptar que el verdadero agravante social no es si su esposa tiene o no la capacidad económica para comprar mansiones, sino esclarecer la presunción de corrupción con el contratista que desde su gestión como gobernador del Estado de México ha sido muy activo, el Presidente tiene un panorama complicado.

Por cierto, está científicamente probado que entre primates hay corrupción, y distinguen entre donación y robo. Eso sí, no hacen público su patrimonio.

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