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Río revuelto

La agitación social que estamos viviendo en el país no sólo deja en evidencia la impericia gubernamental para conducir la nave, también pavimenta el camino a la postura mesiánica del líder absoluto de Morena, que promete “rebelión pacífica en la granja” y bienestar para todos, pues a decir de él, acabará con la corrupción y la violencia. A río revuelto, ganancia de López Obrador.

Toda crisis es también momento de oportunidades y, ante la pregunta presidencial de “¿qué hubieran hecho ustedes?” hay muchas respuestas; expongo una que me compartió el ex secretario de Economía, Sergio García de Alba, y que apunta a implementar una miscelánea fiscal con fuertes incentivos a la inversión productiva y generación de empleos, incluyendo de manera preferencial a las PYMES y, muy importante, a la inversión de paisanos deseosos de regresar a México ante un inminente clima hostil en Estados Unidos (alimentado por las amenazas y agresiones de Trump y sus seguidores), y también incentivos a la repatriación de capitales. Nada de esto se avizora como medidas paliativas a la tormenta económica y social que amenaza este agitado 2017.

Se entiende que la liberalización de los precios implica la eliminación de subsidios, lo que en teoría es sano para las finanzas nacionales. También entendemos que los precios de las gasolinas tengan que subir si suben las materias primas. Pero el creciente descontento social no se acaba con entender esto. El malestar acumulado de la sociedad mexicana se debe también a que sabemos que nuestros gobiernos han sido tremendamente despilfarradores de nuestra supuesta riqueza petrolera, patrimonio que ha servido para hacer multimillonarios a muchos políticos y líderes sindicales, y ha permitido cubrir ineficiencias gubernamentales a todos los niveles. El enojo de la sociedad es porque sabe que la clase política no se ha apretado el cinturón y se percibe que, aunque haya habido recortes al gasto, no ha puesto lo suficiente de su parte.

¿Qué hubiéramos hecho? Pues además de una reforma fiscal que promoviera la inversión, la generación de empleos y nuevas empresas (en lugar de una recesiva como la que impulsó el aprendiz de canciller Videgaray), hubiéramos recortado más el gasto de la clase política que sigue gozando de privilegios inmorales para la situación del país, también por supuesto hubiéramos impedido que líderes de dudosa condición moral llegaran a ser gobernadores en lugar de presumirlos como modelo de los nuevos priistas; y ya, ante las múltiples evidencias de sus raterías, hubiéramos actuado antes de que se escaparan dejando en ridículo al gobierno. Y si le seguimos, no hubiéramos hecho tratos dudosos con constructoras que dieran casas blancas y tampoco hubiéramos nombrado como fiscal para investigar si hubo o no corrupción por parte del Presidente, a uno de sus títeres, sino que hubiéramos nombrado a un fiscal con verdadera independencia.

Y volviendo al tema del gran beneficiado por la “rebelión en la granja”, recientemente declaró en televisión varias cosas que lo convierten en un oxímoron de la política. Dijo AMLO que no es parte del sistema político, ¿cómo? si recibe dinero público y tiene un partido político inscrito bajo las normas del sistema político mexicano. Dijo también “vamos a hacer valer el Estado de Derecho”, ¿cómo? si ya anunció que está a favor de la impunidad, pues habrá “perdón, pero no olvido” a los corruptos, ¿será que ya pactó con ellos? Habrá que recordarle a AMLO las palabras de Ayn Rand: “Piedad por el culpable es traición al inocente”. Y también dijo que “soy un demócrata, no creo en el pensamiento único, no soy autoritario”, ¿cómo? si todos sabemos que donde milita nada más su voz manda, si cuando alguien difiere de él es acusado de orquestar un complot. Y qué tal esta joya del mesianismo más encarnado: “Se puede ser feliz buscando la felicidad del prójimo y ése es mi trabajo”, ¿cómo? si ha demostrado que no le ha importado afectar a terceros en su trayectoria política.

Hago votos porque en este año los líderes del gobierno y sus aprendices pregunten primero a los que saben antes de soltar un “¿qué hubieran hecho ustedes?”, y porque con sus pifias no sigan allanando el camino al populismo mesiánico. Lo que está mal siempre puede ir peor.