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¿Cultura y arte? ¡Adelante!

El capitán inglés, Alexander Hardcastle, no fue cliente de BBVA Bancomer. ¿Cómo lo sé? Un enorme dato en su biografía lo deja en evidencia: en el segundo tercio de su vida vendió sus propiedades por amor al arte.

Irritación entre un sector de la comunidad artística en México ha provocado un desafortunado anuncio para televisión, de la firma financiera. Frente a un cuadro bellamente enmarcado, dos personas (que supondremos artista y cliente) dialogan: “Algún día este cuadro valdrá mucho”, dice uno, y el otro remata viendo a la cámara, como si el artista ya no estuviera presente: “No sé ustedes, pero si voy a invertir, me gusta hacerlo donde tengo ganancias seguras”. El locutor termina el mensaje promoviendo el pagaré Bancomer con una tasa de 3.5%.

De no haber sido por Hardcastle, hoy no veríamos en pie varias de las columnas del templo de Hércules. Recorro el Valle de los Templos, zona arqueológica de una ciudad griega fundada en el año 581 ac. Los griegos le llamaron Akragas; los romanos, Agrigentum; los árabes, Kerkent. Por estas tierras, el filósofo griego (de reminiscencias irresistiblemente etílicas para los mexicanos) Empédocles dijo que los Akragantinos construían casas como si nunca fueran a morir, y comían como si fueran a morir mañana. Me consta. La actual ciudad de Agrigento, en la costa sur de Sicilia, destila historia, arte y cultura, su comida es abundante (como sus escalones, a veces interminables), reflejo de la fertilidad mediterránea.

Gracias a su bella vista al mar, sus casas y edificios cavernosos, pero mucho por la antigua ciudad griega rescatada a principios del siglo pasado con el dinero de Hardcastle, hoy es una zona protegida por la Unesco y recibe millones de turistas al año. ¿Podría esta derrama superar el 3.5% de un pagaré bancario? Lo dudo.

El anuncio de Bancomer es desafortunado porque no sólo atenta contra la inversión en arte y cultura, a todas luces redituable, también inhibe el pensamiento en favor de la generación de activos culturales. En un país como el nuestro, donde el arte y la cultura no tienen los impulsos necesarios, y la mayoría de la población no cuenta con educación satisfactoria, el tema se agrava. Por otro lado, entiendo que no es una tragedia y que no hay que satanizar a un banco con un historial en favor de la promoción cultural. El anuncio es un desliz del que no midieron sus consecuencias, el típico caso donde la creatividad dicta la estrategia.

Dentro de la ciudad griega, destaca por su estado de conservación, sus columnas perimetrales completas, el templo de La Concordia. Con sus más de 2,500 años de antigüedad, es un espectáculo ver el cambio de tonalidad de su roca caliza, que con el caer del sol, olvida el café terracota para convertirse en ocre y naranja. En este edificio griego sucedió algo inaudito en la zona: en el año 597 dc. construyeron una iglesia católica en su interior. Dos concepciones filosóficas de la vida cohabitando en el mismo edificio, tal vez por eso el historiador le puso el nombre de Concordia. Así debería ser el arte y la cultura, un territorio importante dentro de la economía. Simbiosis generosa.

En la municipalidad de Agrigento nació el Nobel de literatura Luigi Pirandello. El dramaturgo y novelista italiano seguramente brincó, cuando niño, entre piedras informes, que luego Hardcastle erigiría en las columnas de Hércules. Es curioso, una de las obras de Pirandello se llama Seis personajes en busca de autor, en la que seis personas, que existen sólo en la imaginación de un escritor, anhelan que un autor las incluya en su obra, para poder existir. Así, en busca de realidad, estaban los fragmentos de columnas sobre un valle viendo al Mediterráneo, esperando que alguien con amor al arte las buscara y las armara con paciencia para volver a existir.

En pleno Valle de los Templos, mirando al sol que baja por el Mediterráneo, Alexander Hardcastle tiene un busto en su honor. El hombre que levantó de nuevo las enormes columnas de Hércules sí tuvo ganancia segura.

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