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Cambiar el destino

¿Existe una fórmula para cambiar el destino? Asociamos grandes efectos a grandes causas. Un ejemplo son las reformas estructurales de este sexenio. La lógica sería: a grandes reformas, grandes cambios. Esto no es necesariamente cierto. Muchos de los cambios estructurales en un país no son producto de grandes reformas o acciones, al contrario, empiezan por algo aparentemente intrascendente como para cambiar a escala mayor. Éste es el fundamento de un libro clásico, The Tipping Point. Cómo las cosas pequeñas pueden hacer la gran diferencia, de Malcolm Gladwell.

En este espacio relaté la transformación física y social de la comunidad de El Manglito en La Paz (“La restauración”, Reforma, 29-oct.-2017). Las acciones que detonaron el cambio y los principios aplicados ameritan nuestra atención.

Mónica y Alejandro, mexicanos, son un matrimonio con inclinación y formación profesional hacia la conservación. Vivían en Estados Unidos, donde él se desempeñaba como funcionario de un organismo internacional en diseño e implementación de estrategias y programas de conservación de la biodiversidad. Fueron invitados a vivir a La Paz con la intención de incidir en la comunidad de pescadores para transformar el ecosistema. Durante el primer año pudieron sentir la hostilidad con la que los locales reciben a los extranjeros. La colonia tenía fama de bronca. La casa donde establecieron la oficina de NOS (Noroeste Sustentable AC) había sido refugio de malvivientes y drogadictos. Un vecino norteamericano, Don Richard, les dio el primer consejo: “suban 3 metros la barda y no hablen con ellos (los habitantes de El Manglito)”. Esta visión trumpiana de la cooperación y el aprecio por los vecinos pronto se derrumbaría.

Lejos de subir la barda, Mónica y Alejandro comenzaron a caminar por las maltratadas calles de la colonia. Un día, a ella se le ocurre que deberían recoger los envases de pet a su paso, acción tan excéntrica que al poco tiempo provocó el primer diálogo con los locales. “¿Por qué hacen eso?”, preguntaban quienes veían inevitable vivir entre llantas, bolsas de plástico, animales muertos, envases de refresco, cacharros y más. Al poco tiempo algunos vecinos salieron al encuentro de los caminantes: “les juntamos esto” (bolsas con envases de pet). Jóvenes de la comunidad se acercaron para saber si NOS podía patrocinarles los uniformes para su equipo de futbol. Alejandro vio ahí una puerta. Les dijo que sí, a cambio de que ellos propusieran un compromiso, algo que pudieran hacer por su colonia. La respuesta fue “podemos ayudar a limpiar”. Al poco tiempo se organizó una brigada que superó las expectativas de Alejandro. Pasarían 2 años para que a los muchachos se les sumaran sus padres (que querían un equipo de beisbol) en la ya “tradicional” limpia anual. Más de 150 toneladas de basura fueron recogidas de las calles, 30 del fondo marino.

Al tiempo varios padres de familia se integraron en el programa de empleo temporal. El resultado lo narré la semana pasada. Alejandro explica por qué funcionó la estrategia. “Hay que seguir la energía”, me dice. Es un principio que aprovecha el foco de interés de los otros para encauzarlos, no sermonear-los ni amenazarlos. Si NOS hubiera llegado al principio de la relación con un programa técnico para el rescate de moluscos, hubiera sido rechazado. Mónica y Alejandro esperaron para detectar y aprovechar la energía de los jóvenes, luego de sus padres. El deporte resultó ser materia prima para construir capital social e identidad.

Otro de los principios tiene que ver con definir la realidad en función de dos cosas: la intención y el estado de conciencia. Esta fórmula ha permitido a un gran equipo de profesionales, voluntarios y filántropos no darse por vencidos y contagiar de intención y de conciencia a los locales. En consecuencia han cambiado la realidad.

Lo que empezó con recoger envases de pet se ha convertido no sólo en la restauración de la vida marina, también en el desarrollo personal y de las familias (algunas ya tienen hijos graduados de biólogos). Dice Alejandro: “lo que va a ocurrir no es el destino, es el resultado de tu intención”. Tenemos entonces una fórmula para cambiar el destino.

Terrenalmente le llamo: el insospechado poder de actuar con el ejemplo.

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