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¡Bajaaaaan!

Un chofer de camión urbano atropelló a 19 estudiantes y mató a una, en Guadalajara. La indignación y condena popular no han faltado, ni las medidas populistas de bajar la tarifa, como si un castigo fuera a iniciar la corrección del problema. El asunto es más profundo.

La solución a un problema está en gran medida en la forma en que se describe. En ocasiones la forma de describirlo conlleva a un problema adicional: la incapacidad para detectar su causa. He insistido varias veces en que la movilidad es un asunto muy trascedente al que los gobernantes no le dan la debida atención, no ven el impacto que tiene en otros órdenes de la vidanacional.

La movilidad es un crisol donde convergen seres disímbolos enedad, sexo, religión, ocupación, filiación política, un fractal de nuestros códigos culturales. Somos como nos movemos. Los temas de movilidad y la forma como la afrontamos refleja la naturaleza social e individual de un lugar. Durante los trayectos sacamos lo mejor o lo peor de nosotros, tolerancia, manejo de estrés, formas de interpretar las señales, respeto o no por la ley, modo de relacionarnos con la autoridad, grados de corrupción. La movilidad es el gran teatro de los estereotipos de un país.

El escandaloso caso de la Línea 12 del Metro ilustra mucho de lo que nos duele: incapacidad para realizar bien un proyecto, sospecha de corrupción en la ejecución, complicidad, omisión de responsabilidades, cinismo, mentira, encubrimiento. Nada de ello está ausente de otros ordenes de la vida nacional (aunque cabe reconocer la previsión de haber evitado una tragedia que hoy sería una nota mayor).

La movilidad es la interacción social en las calles, de ahí que sea un espejo fiel del modo en que somos. La movilidad tiene tal impacto que cualquier cambio positivo que se logre, generará en cadena beneficios. De aquí la importancia de analizar el tema con el concurso de especialistas en ingeniería de tráfico, sociólogos, psicólogos, urbanistas, y más.

No se puede meter en cintura a los choferes de los camiones cuando no se hace lo mismo con los automovilistas, ciclistas, peatones. El camionero es un elemento más del sistema de movilidad y aunque se le eduque y vigile, de poco servirá si los demás elementos no entran en juego: el estado físico de las calles (que en Guadalajara es lamentable), la señalización adecuada, los cambios de uso de suelo que permiten poner un negocio cuyo estacionamiento implica salir en reversa en avenidas de mediana a alta velocidad, la forma en cómo se trazan las rutas y se dan los permisos y concesiones, la manera en que los patrones camioneros tratan y remuneran a los choferes, la protección política que puedan gozar los concesionarios, hay muchos elementos en juego, la forma corta de llamarles es “lamentable accidente”.

Si un gobernante entendiera esto, se sabría responsable de ordenar los motivadores de conducta de todos los elementos del sistema de movilidad, y su buen actuar se traduciría en una mejora en la calidad de vida del lugar (por cierto, la estrategia de las Zodes, en el DF, a esto apunta). ¿Por dónde empezar? por una campaña nacional donde la señal de “Alto” implique alto total por 3 segundos. Una vez conseguido esto, pasar a otras conquistas simbólicas y trascendentes.

Los diferentes actores de la movilidad, pero sobre todo quienes están detrás de un volante deberían sujetarse a nuevas normas donde el Estado es quien les da o quita el privilegio de manejar. Y los privilegios de manejar deberían estar no en función a pasar una prueba de manejo, sino en un análisis actitudinal cruzado con otros indicadores. Por ejemplo, el historial crediticio que muestra la forma en que una persona toma riesgos y cumple compromisos (mismos temas en juego cuando uno maneja), cruzado con el historial de multas en vialidad, deberían impactar el que alguien pueda o no gozar del privilegio de manejar.

Pocas autoridades ven que mejorar la movilidad es mejorar lacalidad de vida. A quienes no lo ven deberíamos bajarlos del camión.

 

@eduardo_caccia

ecaccia@mindcode.com